Menu

Un mensaje de la Madre Tierra

Este 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Tierra, paradójicamente, el mundo entero se enfrenta a una pandemia sanitaria que sostiene una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema.

No obstante a que en los dos últimos meses se ha señalado el respiro que el medio ambiente ha tomado como consecuencia del virus del Covid – 19, ya sea a través de la mejora de la calidad del aire o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, este hecho no es más que temporal, ya que se debe a la repentina desaceleración de la actividad humana.

La realidad es que el cambio climático, la modificación provocada por el hombre en la naturaleza, así como las alteraciones que perturban la biodiversidad, como son la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas).

¿Por qué la biodiversidad es importante para los humanos?

Porque puede ser parte de la solución ante la presencia de enfermedades de tipo zoonóticas, ya que una biodiversidad de especies dificulta la propagación de los patógenos.

De acuerdo con las Naciones Unidas, los cambios en la biodiversidad, afectan al funcionamiento de los ecosistemas y pueden ocasionar alteraciones importantes de los servicios y la protección natural que estos proporcionan.

Existen vínculos específicos entre la salud y la biodiversidad que incluyen posibles impactos en la nutrición, la investigación sanitaria y la medicina tradicional. Así como en la generación de nuevas enfermedades infecciosas y cambios significativos en la distribución de plantas, patógenos, animales e incluso asentamientos humanos, algo que puede ser provocado debido al cambio climático.

¿Cómo nos afecta exactamente la alteración de la biodiversidad?

Las actividades humanas han producido alteraciones importantes en el medio ambiente. Al cambiar el uso del suelo para los asentamientos, la agricultura, la tala o las industrias, se ha fragmentado o invadido el hábitat de los animales. Esto ha traído en consecuencia la destrucción de zonas de amortiguamiento naturales, que normalmente separan a los humanos de la vida silvestre, y se han creado puentes para que los patógenos pasen de los animales a las personas.

Por otro lado, las emisiones de gases efecto invernadero en nuestra atmósfera, las modificaciones en la temperatura, la humedad y la estacionalidad afectan directamente la supervivencia de los microbios en el medio ambiente. Estas consecuencias en el cambio climático amplifican la propagación de las enfermedades zoonóticas, como la gripe aviar, el ébola, el MERS, el SARS y el virus del Zika por mencionar algunos.

En muchos países en desarrollo, el crecimiento económico y la transición de zonas rurales a urbanas han estimulado la demanda de productos lácteos y cárnicos. Esto ha llevado a la expansión de las tierras de cultivo y a una ganadería más intensiva cerca y alrededor de las ciudades, lo que resulta en un aumento de la exposición a las enfermedades. En el caso de la gripe aviar. Los patógenos primero circularon de aves silvestres infectadas a aves de corral, y luego pasaron a los humanos.

La diversidad genética en los animales proporciona una fuente natural de resistencia a las enfermedades entre sus poblaciones. Por ejemplo, la cría intensiva de ganado a menudo produce similitudes genéticas dentro de rebaños y manadas, lo que aumenta la susceptibilidad de estos animales a la propagación de patógenos provenientes de la vida silvestre.

En conclusión, en las áreas biodiversas, la transmisión de enfermedades sucede entre una gran variedad de huéspedes, algunos de los cuales resultan reservorios de patógenos menos efectivos. Por el contrario, cuando los patógenos se encuentran en áreas con menos biodiversidad, la transmisión puede amplificarse, como se ha demostrado en el caso del virus del Nilo occidental y la enfermedad de Lyme.

¿Qué podemos hacer?

Reducir el impacto de las actividades humanas en los ecosistemas.

El PNUMA, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y cientos de socios en todo el planeta están lanzando una iniciativa para prevenir, detener y revertir la degradación de los ecosistemas en todo el mundo durante los próximos 10 años. La Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030 es una respuesta a la pérdida y degradación de los hábitats y se centrará en la creación de voluntad política y capacidades para restablecer la relación de la humanidad con la naturaleza.

Cada uno de nosotros podemos contribuir con un granito de arena para reducir el impacto de nuestra actividad en el medio ambiente. Reducir, reciclar, optimizar. Nuestro planeta nos necesita y nuestra salud y la de nuestros hijos también.

“Estamos íntimamente interconectados con la naturaleza, nos guste o no. Si no cuidamos la naturaleza, no podemos cuidar de nosotros mismos”.

Inger Andersen, ejecutiva del PNUMA.

Para obtener mayores ideas sobre cómo puedes contribuir, consulta aquí: Naciones Unidas. Actúa ahora.

Prevento Agente de Seguros S.A. de C.V.

Fuentes consultadas:
Naciones Unidas

Naciones Unidas/reportaje