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Guía rápida para tratar los accidentes más comunes en los niños

Guía rápida para tratar los accidentes más comunes en los niños

Por naturaleza los niños son inquietos, y en el momento del juego no miden las consecuencias de sus acciones, razón por la cual es frecuente que presenten pequeños accidentes.

Aunque la mayoría de estas lesiones se pueden atender lavando con agua y jabón o aplicando alguna pomada en el área afectada, a continuación describimos algunas de las situaciones más comunes y cómo atenderlas. Es necesario recordar que cuando el percance salga de lo normal o presente complicaciones, es primordial acudir al médico o al servicio de urgencias.

Raspones. A menudo presentan raspones en las rodillas y codos provocados por caídas prácticamente sin importancia. Ante este tipo de heridas, lo más adecuado es lavar con agua y jabón para eliminar restos de tierra. Si sangra, es necesario cubrir la herida presionando ligeramente con un algodón y aplicar un antiséptico. Si es una zona muy expuesta, se puede cubrir la herida con una gasa, aunque lo mejor es dejarla al aire. Si no deja de sangrar tras 5 o 10 minutos de presión, es profunda, o presenta algún objeto clavado, es necesario acudir a los servicios de urgencia para tratarla.

Moretones. Las caídas continuas o golpes accidentales sin consecuencia que sufren los pequeños jugando, propician la aparición de moretones. Las piernas de los niños es el lugar donde con mayor frecuencia se muestran, aunque también podemos encontrarlos en las rodillas, brazos y con menor frecuencia en la cabeza. No duelen y se curan por sí solos en una o dos semanas.

Para ayudar a su evolución, se puede aplicar pomada de árnica y los dermatólogos aconsejan aplicar hielo tres veces al día durante las primeras 48 horas sobre la zona del hematoma. En caso de que el moretón no cambie de color durante más de 14 días o continúe el dolor, es recomendable acudir al pediatra.

Sangrado de nariz. En ocasiones los niños tienen reciben balonazos o cabezazos en la cara y puede producirse sangrado de nariz. En estos casos lo recomendable es evitar poner la cabeza hacia atrás para no tragar sangre, es preferible inclinarla hacia adelante para que corra la sangre hacia afuera.

Puede ayudar a detener la hemorragia presionar las aletas de la nariz con los dedos. Si al hacer esto transcurren más de 10 minutos y no cesa el sangrado, se sugiere colocar una gasa impregnada en agua oxigenada dentro de la nariz, y si aún así no cesa la sangre, se debe acudir al médico.

Esguinces. Los esguinces de tobillo son las lesiones más frecuentes en los niños por su continua actividad. Se producen por el desplazamiento de la articulación de una forma inusual dañando el ligamento en mayor o menor medida.

En el momento en que el niño sienta dolor en el tobillo, se vea la zona inflamada o tenga dificultades para apoyar el pie, es necesario acudir al médico. El tratamiento lo indicará el especialista, pero lo habitual es reposo, desinflamatorios y en ocasiones, rehabilitación.

Luxaciones. Una caída, un golpe o una mala postura pueden ocasionar una luxación. Esta consiste en la separación de dos huesos en una articulación. En estos casos debemos inmovilizar la zona, aplicar hielo y llevar al niño para que reciba atención médica. El doctor reparará la dislocación colocando correctamente la articulación e inmovilizando el área con una férula.

Fracturas. Las fracturas de huesos en los niños son bastante habituales, de hecho es uno de los accidentes más comunes durante el juego. Por las características de sus huesos todavía en crecimiento, se curan en poco tiempo. Los huesos de los niños son más elásticos y porosos y tienen una gran capacidad de regeneración. Las fracturas más habituales son las de codo, antebrazo, tobillo, tibia y clavícula.

Si se sospecha de fractura es necesario acudir de inmediato al servicio de urgencias, el tratamiento en caso de roturas leves es la inmovilización de la zona dañada durante 3 o 4 semanas para que pueda soldar correctamente. Si es más severa puede requerir mayor tiempo de inmovilización o incluso cirugía.

Traumatismo en la cabeza. La mayoría de estas lesiones son menores porque el cráneo protege el cerebro. En la mayoría de las ocasiones no conllevan consecuencias y sólo producen lesiones en la superficie de la cabeza como hematomas, heridas y dolor en la zona del golpe. Si sangra profusamente la herida, lo mejor es que el médico evalúe el tipo de tratamiento a seguir.

En casos muy severos, se pueden provocar lesiones cerebrales graves. Ante la aparición de somnolencia, convulsiones, fiebre, confusión, o dolor que no cesa, se debe acudir de inmediato al servicio de urgencias.

Los niños están llenos de energía y resulta difícil evitar que sufran pequeños accidentes como los que anteriormente describimos. Sin embargo, se pueden tomar precauciones para evitar que corran en espacios cerrados o en pasillos, enseñarles a abrir las puertas con cautela para evitar golpear a alguien, evitar los juegos violentos, y no empujarse entre sí. También tener cuidado al subir o bajar escaleras, no treparse a las sillas o mesas y evitar dejar juguetes tirados en el piso para evitar tropezarse.

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Fuentes consultadas:

Guía Infantil