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Ahorremos desde pequeños

Ahorremos desde pequeños

Ahorro es una palabra que recientemente está en boca de muchos y consciencia de pocos.

Es un hecho que cada vez escuchamos más sobre previsión financiera: ahorro para el retiro, inversión, independencia financiera, etc. buscando con ello que nuestro país se mueva hacia una cultura de ahorro, pero, ¿cómo lograr tal consciencia?

Bien sabido es por todos que cada vez son menos los afortunados que gozan de aquellas “buenas jubilaciones” que garantizan un ingreso futuro, fruto de los años trabajados en la etapa productiva.

La triste realidad es que un gran porcentaje de los mexicanos en etapa de jubilación viven de la “caridad” de sus hijos, y más alarmante aún: la tendencia es que la expectativa de vida sea cada vez mayor y aunado a las modificaciones en los esquema de jubilaciones, relaciones laborales actuales y el alto número de profesionistas independientes; resulta primordial tomar consciencia de la gran responsabilidad que tenemos en este momento los adultos en edad productiva con el adulto mayor en el que nos convertiremos.

Del tema hay mucho que escribir, partiremos de la base de la cultura del ahorro, la realidad es que esa consciencia se fomenta desde la cuna, en casa, a nuestros hijos (incluidos sobrinos o nietos) y es ahí donde los padres juegan el papel principal.

Como padres, frecuentemente transformamos el cariño en demasía (de acuerdo a las posibilidades de cada quien), procuramos que tengan acceso a cosas o lugares de las que nosotros en ocasiones carecimos…

Todo esto está muy bien, siempre y cuando no perdamos de vista inculcar en los hijos el valor del trabajo, el costo del dinero y el esfuerzo que cuesta tener lo que deseamos, con el ahorro como el único camino para lograr objetivos y metas.

Importante: Si los padres no fomentamos en los niños la cultura del ahorro y cómo lograrlo, este no sucederá por arte de magia.

Si en verdad deseamos darles a nuestros hijos bases para que logren sus objetivos económicos y metas a corto o largo plazo; tan importante como formarlos es inculcar disciplina, valores y hábitos, además de una educación financiera. Lo ideal es comenzar cuando son pequeños, pero nunca es tarde para hacerlo.

“La falta de una sólida educación financiera perjudica el desarrollo y las posibilidades futuras de cualquier persona, ya que las decisiones financieras que toma condicionarán su vida”.

Para comenzar el hábito del ahorro, estas sugerencias pueden ayudar:

  • Asignar una cantidad de dinero semanal para cada hijo y orientarlos en cómo administrarla.
  • Plantear un sistema de ahorro para algún objetivo que tenga el niño y es válido otorgarles un “interés” por el dinero que mantengan ahorrado durante un tiempo, por ejemplo: por cada 100 o 200 pesos que mantenga en su ahorro, darles 10 pesos más. Si el objetivo del ahorro es para poder comprar algo importante, es válido ofrecer contribuir con la misma cantidad que él ahorre.
  • Enseñarles que el dinero no sale del cajero automático por arte de magia. Es necesario que comprendan el tiempo y esfuerzo que toma ganar ese dinero.
  • Establecer metas y prioridades, no darles todo lo que pidan y practicar con ellos saber esperar en ocasiones para comprar. Resultará muy útil a futuro diferenciar entre lo “necesario” y lo “deseado.”
  • Se vale pedirles que realicen algunas tareas extras en casa y remunerarles por ello, no demasiado, necesitan comprender el valor del dinero.
  • Compartir con los hijos algunos de los gastos del hogar: como supermercado o pago de escuelas, servicios, etc. Y que además hay que ahorrar un poco más para ocasiones especiales, regalos, vacaciones o emergencias. Es importante que sean conscientes de que hay gastos fijos y responsabilidades que cumplir.
  • Se vale aprovechar situaciones de la vida cotidiana para hablar con ellos del tema del dinero.
  • Compartirles los planes y proyectos de inversión y ahorro con los que contamos.
  • Evitar “prestarles” dinero continuamente, necesitan aprender que los padres no tienen acceso a cantidades ilimitadas de dinero y además que no es sano financieramente “vivir” pagando deudas.
  • Enseñarles el valor de las monedas y billetes.
  • Conforme los niños crecen, poco a poco se les puede ir responsabilizando de los gastos que ellos necesitan hacer dándoles ese dinero y enseñarlos a que lo administren (pago de celular, transporte, gustos como: salidas, cine, golosinas, música, etc.), recordando siempre que no se trata solamente de “darles dinero”, sino de transferirles la responsabilidad de administrar correctamente ese dinero.
  • Cuando los hijos son adolescentes, es importante la experiencia de los primeros empleos en vacaciones. Orientarlos a establecer una rutina de ahorro y preparar un presupuesto que contemple sus gastos, necesidades y gustos.
  • Una vez que el joven consigue su primer empleo formal, encaminarlos a abrir una cuenta de ahorro o invertir en algún plan de inversión a futuro. Puede sonar muy lejano hablar de retiro, sin embargo, es cuando la cultura y consciencia del ahorro se estará forjando y con ello la estabilidad económica en el presente y futuro.

Por último, predicar con el ejemplo: como padres somos la pauta a seguir de nuestros hijos. Si ellos observan una conducta financiera sana y adecuada en nosotros, será más fácil que la practiquen.